jueves, 19 de abril de 2007

Una "despedida" de la escritora Aída Beccaría. Tomada dehttp://yonomecallo.blogspot.com/

HASTA AQUÍ LLEGUÉ COMANDANTE FIDEL
Un adiós al comandante Fidel Castro Ruz
Escrito por Aída Beccaría
"Con gran dolor admito que hasta aquí acompañé con ideales de justicia, con emoción de quien cree en la igualdad y en el hombre, al comandante Fidel Castro. En los años 59 Batista merecía el enfrentamiento que se le hizo. Y luego la alianza con la Unión Soviética era del todo necesaria para poder controlar la amenaza norteamericana. Posteriormente, muchos años después, mantenerse vivos a pesar del bloqueo salvaje del que todos de una forma u otra hicimos víctima a Cuba, obligaba a querer, admirar y respetar a Castro y el valiente proceso que intentaba llevar a cabo contra todo pronóstico. Sin embargo, en silencio, ya a finales de los noventa, me he venido preguntando ¿Por qué de nuevo dos Cubas, una para el turista y otra para el residente? ¿Por qué de nuevo el cubano se juega la vida a cambio de un puñado de dólares? ¿Por qué se está prostituyendo de nuevo la mujer cubana? Las respuestas a éstas y otras muchas dolorosas incertidumbres las he venido escondiendo con vehemencia dentro de mis vísceras. Yo deseaba y necesitaba creer que para todo había una razón. Y que Cuba me demostraría y le demostraría al mundo que continuaba siendo un estandarte de justicia e igualdad. Que esa isla pequeña y hermosa continuaba siendo el único freno real contra el salvajismo plenipotenciario de Estados Unidos de Norteamerica. Y que este "desliz" con el que yo cuestionaba mis propios ideales era temporal. Me repetí a mi misma centenares de veces que quizás, motivados por el bloqueo y la supervivencia se estaban cometiendo algunos errores. Pero que no tardaría en llegar de nuevo el día en el que Cuba sin equívocos demostrara que había vuelto al camino de la justicia social. Pero ese día de gloriosa justificación no llega... Y muy por el contrario, la tiniebla parece cubrir cualquier esperanza. Ya no brillan más estrellas en el cielo de la justicia cubana. No más Ojedas, ni Balmacedas ni Guevaras. Los ideales por los cuales durante décadas se luchó, están reventando uno a uno como ídolos de barro. Una mañana nos despertamos muchos aceptando que ya sólo nos quedaba entre las manos trazos de lo que una vez fuera verdad... Y así, con profunda tristeza admito que Cuba perdió el norte...O el "Norte" logró finalmente que se perdiera Cuba... No lo sé. Lo único que tengo claro es que si bien la política norteamericana continúa siendo genocida, dominante y hegemónica, no deja de ser menos cierto que la insolente y anacrónica perpetuidad anidó en la política cubana. Por eso este adiós humilde. Un susurro que uno a las voces de los que hoy se sorprenden diciendo "¡Hasta Aquí!" Nuestra Cuba revolucionaria, justa, progresista, está agonizando. Y pareciera estar naciendo en su lugar una Cuba diabólicamente parecida en su esencia a su enemigo. Hace muchos años le dediqué un poemario al Comandante Fidel Castro Ruz titulado "Ante la verdad muere la razón" (Cosa de la cual jamás me arrepentiré pues en su momento lo merecía)... Y ahora cuando la verdad y la razón son diametralmente opuestas a aquellas que inspiraron mi poesía, le dedico a Castro de nuevo el título y ratifico: Ante la verdad muere la razón... La revolución cubana es hoy el cadáver insepulto de un ideal que promovía equidad, justicia y dignidad, pero que ahora convierte en zombie a todo el que se le acerque bien para detractar, bien para lisonjear. Los humanistas estamos de duelo. El mundo ha quedado practicamente solo a merced de la locura belicista y traicionera. Adiós comandante. Nunca olvidaré los días de gloria que gracias al sueño cubano viví. Y en mis recuerdos prevalecerá el orgullo de haber estado a su lado cuando a su lado debía estarse. Pero hasta aquí llegué. Descansen en paz los miles de inocentes muertos en guerras genocidas iniciadas por el águila calva. Pero también descansen en paz los muertos cubanos que recibieron su último adiós con un aplauso de balas porque cometieron el terrible crimen de querer huir de una realidad que se tragaba sus sueños. Adiós comandante Castro. Nos volveremos a ver quizás en el infierno... pero sin Virgilio acompañándonos para salir de él. Aída Beccaría País publicado en el diario "Chacao 2000" . Caracas- Venezuela "

Creo que hay que ser valiente, temerario o muy tonto para admitir todo lo que Aída Beccaría admite en este escrito. En lo personal pienso que resultaría interesante conocer del referido poemario "Ante la verdad muere la razón" que no logro hallar. Si alguien puede facilitarme ese material lo agradecería. Creo que es una pieza clave para terminar de captar y comprender lo señalado por Beccaría. Y por último, el adiós bajo un aplauso de balas es una imagen estremecedora. Realmente este texto tiene ese don de dar un latigazo a alguna pequeña fibra que pensamos yace oculta... Juancho

martes, 17 de abril de 2007

Otra acertada exposición de Kosak...


Venezuela de perfil
Gisela Kozak Rovero
Nada hay más difícil en una democracia que quitarse la careta, pues este régimen político requiere para su funcionamiento de consensos hechos en base a darnos la posibilidad de una figuración adecuada: debemos ser democráticos, solidarios, progresistas, trabajadores, creativos, participativos, abiertos a todas las corrientes del pensamiento, sensibles a la diversidad, preocupados por la economía y los derechos humanos, amantes del pueblo, dispuestos al diálogo y obedientes de la ley. Este credo, además, debe ser asumido por todos los grupos sociales, que, en todo caso, pueden diferir en las maneras de lograr una sociedad mejor, pero no pueden abjurar de ciertos principios, bajo amenaza de ser expulsados del reino de la democracia. De democracia hablan George Bush y Saddam Hussein, Hugo Chávez y Pedro Carmona Estanga, Jean Marie Le Pen y Jacques Chirac; en fin, los políticos de cualquier signo e ideología. La palabra democracia es un acto de fe universal que, con demasiada frecuencia, se convierte en una simple máscara.
Entre nuestra verdadera cara y la careta nos movemos los venezolanos en estos momentos. Nuestro perfil como sociedad se ha manifestado con inusitado vigor en los últimos meses, en los que muchas caretas se han hecho pedazos; en otras palabras, lo mejor y peor de nosotros mismos en tanto colectivo ha emergido para poner sobre la mesa cómo los distintos sectores de la vida nacional entendemos el ejercicio de la democracia y cuáles son las perspectivas en juego sobre el pasado, el presente y el futuro.
¿Los venezolanos somos democráticos?
Tanto los partidarios del Gobierno como la oposición afirman con vehemencia que la sociedad venezolana es una sociedad profundamente democrática. Los voceros de ambos bandos hacen esta afirmación en nombre del país y se hacen partícipes de uno de los juegos vitales para la democracia venezolana: colocar una ofrenda floral a los pies de esos millones de personas que, básicamente, son absolutamente bienintencionadas y no se equivocan nunca: el pueblo –o la sociedad civil, como se prefiera–, siempre víctima y jamás victimario. La realidad por supuesto es otra. Sin duda los gobernantes y líderes políticos tienen responsabilidades sustantivas en tanto representantes de los electores, pero éstos al votar se juegan su destino como ciudadanos.
Y es que los venezolanos somos democráticos si por democracia se entiende votar, criticar a voz en cuello y soñar con golpes de estado cuando no nos gusta el gobernante de turno, pero nuestra idea acerca de lo que es el ejercicio del poder es mucho más ambigua. El cheque en blanco dado a Hugo Chávez, más allá de Hugo Chávez mismo, es un error histórico cuyas magnitudes han sacudido todas las dimensiones de nuestra vida nacional: un líder no puede llegar a tener un poder de tan considerables alcances a menos que se desee una conflagración política. Otro ejemplo es el papel de árbitro del destino del país en el que se ha querido colocar a la Fuerza Armada; se trata de la prueba más contundente de una carencia democrática profunda y raigal de larga data histórica: desde el siglo XIX ha sido así, y las armas continúan siendo un recurso político a principios del siglo XXI. La coronación sin corona de Pedro Carmona Estanga demuestra que esa carencia es de carácter transversal y vertical: una comedia plutocrática, conservadora, una mezcla de Secretos de la Casa Blanca (la serie norteamericana) con escena de senado romano. La camarilla que respaldó a Carmona parte exactamente de la misma idea de poder del chavismo: las instituciones, la oposición, la legalidad no tienen importancia, pues el ejercicio del gobierno se contempla exclusivamente como la posibilidad de hundir al adversario y seguir adelante con el propio proyecto, así se ignore a una parte sustancial de la nación. El arrepentimiento del ya defenestrado Carmona, quien quiso restituir la legalidad a última hora, es llamativo: lo primero que surge no es la conciencia democrática e institucionalista, sino el impulso arrogante y destructor... después, al igual que lo ha hecho el chavismo, se pretende recoger la leche derramada. Entre estos extremos entran todos los matices posibles, pero llama la atención que ambos se toquen: no es casualidad ni azar, es una muestra de la temperatura democrática e institucional del país, independientemente de que cientos de miles de venezolanos no nos sentimos reflejados en el radicalismo kitsch-chavista ni en la oposición conservadora y cursi-golpista.
La democracia no es simplemente un régimen político, es una cultura, una manera de sentir, percibir, transformar y organizar el mundo. La vida cotidiana de la nación trasunta anarquía, no democracia; en primer lugar, la relación con la ley es completamente condicional y acomodaticia, y esta relación se manifiesta tanto en los protagonistas de la vida política como en los ciudadanos comunes y corrientes (pensemos en la Asamblea Nacional, en la actuaciones de Chávez o en el tráfico caraqueño y tendremos una idea del funcionamiento y acatamiento de las leyes en el país). En segundo lugar, el rechazo hacia los partidos políticos ha tomado un sesgo entre personalista e ingenuo que no tiene nada que ver con las legítimas críticas de las que han sido objeto tanto nacional como internacionalmente (falta de representatividad real, privilegios insostenibles, pérdida de contacto con la comunidad). A los partidos políticos se les ha opuesto, por una parte, la idea del líder mesiánico y, por otra, la de la sociedad civil organizada en movimientos con fines limitados y concretos (ecológicos, derechos humanos, etc.). Sin partidos y sin políticos profesionales la democracia se debilita por inexperiencia e ineptitud. Los errores del Gobierno actual ejemplifican esta situación francamente trágica, particularmente cuando contemplamos sus efectos en la esfera económica y en las relaciones internacionales. Desde el otro lado, los opositores de Chávez capitalizan descontentos mas no afectos políticos, y se nota a leguas que todavía a estas alturas no está muy claro el programa de gobierno a llevar a cabo en la Venezuela postchavista, pues poner de acuerdo a gente tan diversa no es nada fácil. En tercer lugar, la posibilidad de diálogo no forma parte de nuestros hábitos ciudadanos y políticos; el silencio complaciente y mentiroso o la descalificación más virulenta sustituyen la capacidad de enfrentar al adversario de manera equilibrada y abierta y coincidir con ese adversario cuando sea necesario. Recuerdo cuando un grupo de estudiantes partidarios del Gobierno tomaron las instalaciones del rectorado en la Universidad Central de Venezuela. Proclamaban a cuatro vientos el diálogo pero estaban atrincherados en el odio, eran aupados por el Estado e intentaban imponer una constituyente universitaria que no tuvo éxito en el colectivo. En otras palabras, el diálogo era un pretexto para la imposición del propio criterio.
Sin respeto a la ley, sin partidos y sin diálogo no puede existir una verdadera democracia. Por eso la violencia amenaza con enseñorearse en el país, hasta el punto de que a la conocida polarización chavismo-antichavismo se le ha agregado la de pacíficos y violentos, la cual no sería tan grave si la sociedad venezolana tuviese suficientes reservas ideológicas y legales para hacerle frente. No quiero ser pesimista pero en una sociedad en la que prácticamente no hay presos por la matanza del 11 de abril, nadie renuncia a su cargo ni es capaz de reconocer su ineptitud, y se puede tomar el poder por asalto y luego ser presidente de la República –caso Chávez– o asilarse en una embajada en las narices de los cuerpos de seguridad del Estado –caso Carmona–; existe una impunidad tal que es muy difícil evitar la violencia y la anarquía. Para decirlo en términos coloquiales, en Venezuela se puede hacer lo que a uno le dé la gana siempre y cuando se esté bien ubicado respecto a los poderes en juego.
El pasado, el presente, el futuro
Nuestras carencias democráticas apuntan a una particular visión de la historia convertida en verdadero escollo para el logro de las transformaciones necesarias. De manera obsesiva repetimos el error primigenio de la instalación de las repúblicas en el siglo XIX: el pasado no existe o, más matizadamente, todo pasado fue peor. Este escamoteo de la historia reciente se acompaña, por supuesto, con la exaltación de un pasado mítico y lejano en el que llegamos a nuestras más altas cuotas de heroísmo y amor patrióticos, y con la entronización del futuro en detrimento del presente. Recuerdo una frase de un partidario del chavismo en plena crisis de abril, en la que expresaba su descontento por la pérdida de un sueño, y me resuena en los oídos tanto como la permanente insistencia en descalificar sin matices la democracia prechavista. El futuro es la maravilla; el pasado reciente, un horror... ¿y el presente? Tiempo para destruir y delirar. Esta perspectiva sustenta todo un ejercicio de la vida colectiva, y ejemplos sobran: tendemos a desconocer en bloque lo que se ha hecho en el pasado, olvidando que mucho de lo que defendemos en el presente no lo logramos nosotros, llámese elecciones, libertad de expresión, reivindicaciones laborales, derecho a la participación. Esta vocación adánica es pésima desde el punto de vista institucional, de allí que seamos permanentes testigos de terribles crisis y del auge y caída de instituciones culturales, políticas, educativas, democráticas, empresariales. La institucionalidad es el pasado, que muera y listo, que para eso estamos nosotros los hijos del futuro (o, más sarcásticamente, los hijos de lo que no ha llegado, los hijos de lo que no existe). Irónicamente, en Venezuela no son revolucionarios los que quieren el cambio de todo sino aquellos que aplican un criterio de selectividad en relación con el devenir histórico. Por supuesto, este pecado de lesa historia no es atribuible a los oficialistas exclusivamente. Fue el que dio paso a la Quinta República, a la bufonada del Gobierno transitorio, a los intentos fascistoides de los tomistas de la UCV y a esa curiosa afección por los golpes de estado que ha signado la vida venezolana en los últimos diez años.
La sociedad irresponsable
El imaginario venezolano es catastrófico y apocalíptico y las buenas noticias no tienen éxito. Este imaginario explica, además, ese complejo de Poncio Pilatos que nos lleva a no asumir nuestras responsabilidades frente a todo lo que ocurre: somos las víctimas permanentes de otros que nos han atropellado, no tenemos la culpa de nada, nos lavamos las manos. Yo, el puro, la pura; los demás, los culpables, los delincuentes. Esto vale para todos los sectores de la vida nacional que intentan justificar sus actuaciones con los errores de los demás: para los sectores populares que no quieren saber nada de los gigantescos y públicos errores de conducción económica del Gobierno porque sienten que sólo un redentor los salvará y no sus propias acciones; para los sectores medios que se creen los únicos adornados con verdaderas virtudes ciudadanas; para los políticos que sólo desean la destrucción del adversario; para todos aquellos que no nos sentimos responsables de los fenómenos negativos que no nos cansamos de analizar y cuestionar.
Nuestros líderes políticos de uno u otro signo colaboran activamente con esta actitud. Pareciera que existe un temor a afrontar el cambio histórico como un cambio cultural que rompe con los viejos hábitos en pro de una mejor sociedad. Pongamos por caso el problema de la economía. En el país se han hecho sesudos análisis acerca de la pobreza como un complejo económico y sociocultural, pero existe el temor de que la verdad haga perder votos: somos una sociedad de desconfiados a muerte, con patrones de consumo que han desconcertado a los más preparados analistas, con una abierta propensión a colocar nuestra seguridad en manos del Estado, con un miedo terrible a los cambios y a las iniciativas individuales y con un alto grado de inconsciencia respecto a cómo nuestras decisiones familiares, laborales y de estilo de vida colaboran en nuestro empobrecimiento. El éxito del chavismo se sustenta en que reafirma estos hábitos, apoyándose en una retórica antineoliberal que no obtiene resultados prácticos en la realidad. Pero el oficialismo no ha sido el único responsable: los gobiernos de los últimos veinte años no han sabido hacerle entender al país la necesidad de transformarnos como nación. Todos hablaron de cambio, pero halagaron nuestras disposiciones erróneas y se conformaron con comprometerse para luego no cumplir y dejar al Gobierno venidero los problemas laborales, fiscales, de planificación económica y de seguridad social. Ante la idea de pasar como vendepatrias, antipopulares o derechistas, nuestros políticos prefieren quedar como ineptos.
¿El Gobierno actual es de izquierda?
Las últimas palabras del párrafo anterior me podrían hacer pasar por derechista o neoliberal y semejante cosa es más de lo que un intelectual en nuestro continente puede soportar. Acostumbrados a sustentar nuestra influencia pública en desagarrarnos las vestiduras frente a los problemas de los sectores populares, le tememos a cualquier adscripción que nos arranque de nuestras propensiones de izquierda. Personalmente no comparto tal temor, y menos en los actuales momentos. Un amigo me decía recientemente que había hecho lo imposible por ser chavista pero no había podido, a pesar de su vocación izquierdista; le contesté que no se preocupara, que este Gobierno no es de izquierda más allá de la retórica antineoliberal. El chavismo es populista con un toque picante de alboroto y agresión fascistoide. El haber colocado a los sectores más empobrecidos de la población como centro del debate político no lo califica automáticamente como un Gobierno de izquierda, a menos que, como diría Lenin, se tratara de un izquierdismo entendido como una suerte de fiebre feroz e infantil, o como la presencia abusiva del Estado y la politiquería en cada fibra del tejido social. Calificar de izquierda a un Gobierno centralista, militarista, estatista hasta ahogar la participación colectiva en la solución de los problemas sociales (a menos que pensemos que participación popular son las actividades violentas o no de los círculos bolivarianos) y cimentado en la figura de un líder absoluto, en la mejor tradición patriarcal del macho todopoderoso, es un insulto a lo mejor del pensamiento de la izquierda. Me refiero en concreto a la crítica a fenómenos como el totalitarismo comunista y fascista, los excesos de los poderes transnacionales, el estado capitalista ultra-consumista, el patriarcado y la intolerancia religiosa o étnica.
La constitución actual se debate entre el interés por los derechos humanos y la necesidad de cimentar el poder del Estado en detrimento de los ciudadanos. Esta suerte de esquizofrenia condiciona su política de alianzas: la simpatía por las satrapías islámicas y cubana convive sin mayores problemas con el recibimiento con bombos y platillos de Rigoberta Menchú; la inclusión en la constitución de la perspectiva de género no parece un problema mayor frente al abierto apoyo de Adina Bastidas, para entonces vicepresidenta de la República, al extremismo fundamentalista árabe. Quizás el personaje que mejor sintetiza la imagen internacional de este Gobierno, y que de izquierda pero con tan insalvables contradicciones, sea Hebe Bonafini, quien visitó recientemente el país para darle su respaldo al régimen. Líder de las Madres de la Plaza de Mayo, la señora Bonafini es la síntesis del peligrosísimo cóctel que está embriagando a unos cuantos latinoamericanos considerados tradicionalmente de izquierda; personalmente la he admirado por su acción por los derechos humanos y su antimilitarismo, pero la admiración ha cedido paso al desagrado y la sorpresa. La Bonafini hizo gala de un espíritu brutal de intolerancia, el mismo espíritu por el que los militares destruyeron a su familia y a tantas más. Condenó sin ambages a todos los que viven en el este de la ciudad, descalificó a la oposición en bloque y no dejó títere con cabeza. Pero la cosa viene de atrás: le ha dado por visitar satrapías como la iraquí y la cubana, responsables de tantos muertos y desaparecidos, pero decididamente antinorteamericanas, pues, por lo visto, ser antinorteamericano es requisito suficiente para estar al lado de los condenados de la tierra. De hecho, aplaudió a rabiar el atentado del 11 de septiembre...
Este tipo de esquizofrenia subyace en el chavismo y explica su doble discurso en todas las instancias nacionales: llaman a los empresarios para luego rechazarlos por oligarcas; exaltan la libertad de expresión pero permiten agresiones en contra de los medios; hablan de propiedad y se hacen la vista gorda frente a las invasiones. El gran problema del chavismo duro es que el ordenamiento legal de la constitución no le permite radicalizarse, pero se permite ciertos lujos: sus aliados hablan por ellos.
Alianzas de centroizquierda
La situación actual es sumamente peligrosa porque pone en jaque a los factores de centro-izquierda o de la izquierda moderada y los puede dejar inermes frente a los factores extremistas del Gobierno y la oposición. El genuino interés por la justicia social, la democratización del capital y la inclusión tienen que luchar en contra del liderazgo anacrónico de Hugo Chávez, que los ha tomado como bandera retórica, y frente a los factores antichavistas conservadores. Hoy más que nunca hace falta una suerte de agrupación política que cumpla un papel semejante al MAS de hace treinta años (esperemos que con más éxito político-electoral), y que sea capaz no sólo de manifestarse frente a la situación nacional, sino también frente a los abusos del capitalismo mundial y frente a los excesos de algunos distinguidos miembros del club antiglobalización, entre los que se encuentran los neonazis, unas cuantas dictaduras africanas y asiáticas disfrazadas de regímenes populares, los fundamentalistas religiosos y los fanáticos de la retórica antiyanqui, que apoyan a cualquier régimen político siempre y cuando sea enemigo de Estados Unidos. Este escenario es la versión internacional de los extremos nacionales, y aunque los problemas internos no nos dejan paz y respiro, no podemos olvidarlo. El chavismo radical no está solo en el mundo.
Pero al lado del chavismo radical existe uno bastante más moderado. El oficialismo y la oposición comparten el hecho de estar divididos y quizás sea posible aprovechar esta situación para darle apoyo a una salida democrática e institucional, por lo menos a futuro. Si bien en Venezuela nos falta camino para el logro de una cultura verdaderamente democrática y para un cambio económico y social a fondo, contamos con logros históricos innegables en este sentido. Es el momento de defenderlos, profundizarlos y desarrollarlos, es el momento de cambiar radicalmente nuestra concepción misma de la historia del país: el perfil de Venezuela tiene que ser distinto.

domingo, 15 de abril de 2007

Los amigos virtuales...¿Son realmente amigos?


Los amigos virtuales ¿son amigos?
19 de Julio de 2006 escrito por Diego Rottman


"Cuando hablo de amigos virtuales me refiero a aquellas relaciones que conocimos a través de Internet (foros, Mensajería Instantánea, chats, blogs, etc.) y que nunca vimos en persona, más allá de que vivan en la otra cuadra o en el otro hemisferio.
Se me ocurren argumentos a favor y argumentos en contra.
Los amigos virtuales no son amigos porque…
… como dice Gabriel Shultz, para que alguien sea tu amigo de verdad, tiene que haber conocido tu casa.
… nunca sabremos si están armando un personaje o son ellos mismos.
… cuando les hacemos alguna confesión ignoramos si se ríen a carcajadas, se quedan estupefactos o están mirando la tele.
Los amigos virtuales son amigos porque…
… como dice Dolina, a veces uno puede tener más puntos de contacto con alguien que está a kilómetros de distancia que con alguien que está en la habitación de al lado.
… uno puede ser más sincero con otra persona (”más uno mismo”) cuando no tiene que mirarlo a lo ojos (pensemos en el confesionario y en el diván).
… en una amistad (como en una pareja) las “reglas” se hacen de a dos, y nada más que de a dos. Si para esas dos personas la amistad funciona, entonces funciona."


¿Y tú amigo lector, tan virtual como el que más... crees en la amistad tras la pantalla?

sábado, 14 de abril de 2007

Les recomiendo de todo corazón escuchar este trabajo. Muy bueno.




María Rivas & Aldemaro RomeroEn ConciertoIndependent Latin Jazz 2003 (CD)

Tracks
01- De Polo a Polo
02- Quinta Anauco (vocal version)
03- Lo Que Pasa Contigo
04- Doña Cuatricentenaria
05- Así Eres Tú
06- No Tengo a Nadie
07- Caminante
08- Como Lo Haces Tú
09- De Repente (piano solo)
10- Quien 2:3811- Carretera
12- Oye Viejo Tonto
11- Hablaré Catalán
12- Me Queda El Consuelo
13- De Repente (vocal version)
14- Quinta Anauco (piano solo)
* All tracks by Aldemaro Romero.
Musicians
Vocals: María Rivas
Piano: Aldemaro Romero
Other Credits
Executive Producers: Miguel Chacón & Federico Pacanins
Recorded by Ricardo Viloria & Lievic Graterol
Edited by Ramses Alegría
Mixed by Eleazar Moreno Ortíz
Mastered by Jesús Jiménez & Enrique Schironi
Graphic Design: María Guiomar Quevedo
Photos by Richard Alvarado


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¿Qué pasó realmente el 13 de abril?


En el Diario El carabobeño publicaron:
"Valencia, abril 11 (REDACTA).- Aquel 13 de abril de 2002, Hugo Chávez retornó a Miraflores, en medio de la algarabía de mucha gente que se encontraba desde hacía horas en las inmediaciones del Palacio Presidencial. Rechazaban el efímero gobierno de Pedro Carmona Estanga, que había terminado por los mismos militares que lo pusieron al frente del Poder Ejecutivo. En esas aciagas horas, la confusión, la misma que aún persiste, reinaba en todo el país. Horas después aparecía Chávez en las pantallas de televisión pidiendo perdón, reconociendo que se había equivocado y que a partir de ese momento cambiaría su actitud soberbia, la misma por la que el pueblo opositor había llenado las calles como nunca antes se había visto en Venezuela, ni siquiera en otra parte del mundo. Posteriormente, se anunciaba la conformación de una Comisión de la Verdad, se hicieron interpelaciones, pero nada ocurrió, y los hechos quedaron en una especie de limbo, con acusaciones de lado y lado. Comenzaron las aprehensiones, los procesos judiciales en cautiverio de personas vinculadas con la oposición. Los medios privados fueron el blanco, especialmente Venevisión, que en aquella oportunidad había difundido un vídeo con los pistoleros de Puente Llaguno disparando hacia la avenida. Curiosamente hoy en día este canal pasa debajo de la mesa, y las baterías se enfilaron hacia RCTV y Globovisión. Revancha El politólogo Ricardo Sucre considera que en las investigaciones sobre abril de 2002 “no se ha avanzado nada”, porque se han erigido esas fechas en algo simbólico, usado por gobierno y oposición de acuerdo con sus intereses políticos. Mientras los primeros manejan el 11 de abril como la instauración de una dictadura, y el 13 de abril como el retorno de la democracia y la dignidad, los segundos creen que en realidad esa semana comenzó la verdadera tiranía y persecución política. Sucre mantiene la postura que el de Carmona fue un gobierno dictatorial de corta existencia, pero Chávez “le da una connotación como si hubiera durado 20 años”. “No hay una investigación imparcial, que realmente traiga sosiego al país en ese sentido. El balance es muy crítico, porque esa es una fecha que divide al país”, manifiesta Sucre, y dice que la dirigencia opositora no ha reflexionado en ella, como sí lo ha hecho, tal vez, el resto de la sociedad. El pasado martes, la Asamblea Nacional aprobó la designación de una comisión especial para “reabrir” las investigaciones del golpe de Estado. Sucre opina que eso se parece más a “un mecanismo de revancha. Si tú quieres realmente ahondar en los hechos, nombra una comisión, en primer lugar, plural, alejada de intereses políticos, una comisión de personas que realmente van a buscar la verdad”. “Yo siento que esa comisión que se nombró es parte del uso simbólico de la fecha, de continuar el gobierno con el tema del fascismo, el golpismo, tratar de pasar las facturas que tenían pendientes sobre todo con los medios. No en balde, la reacción de (Alberto Federico Ravell, director de Globovisión) fue ‘oye, si nos vas a interpelar, interpélanos a todos, no a mí y a RCTV’. Aunque no los nombró tienen que interpelar a Gustavo Cisneros y a Omar Camero”, refiere el analista. “Quizá la expresión más adecuada es decir que será una comisión que va a reforzar y aumentar la polarización existente en el país, una especie de revancha política”, sostiene. Paranoia Para el politólogo Guillermo Aveledo, más que una época de impunidad, la que se abrió el 13 de abril de 2002 fue de paranoia, “en el sentido de que mientras menos se aclaren los hechos más versiones fantasiosas de los hechos surgen por ahí, y a más opacidad del Estado, mayor credibilidad tienen estas versiones. La gente ha llegado a creer que esa fue una conspiración planificada desde una oficina de la CIA, o que todo eso fue planificado por el propio gobierno”. Subraya que “la verdad no puede estar en esos dos extremos. Lo más probable es que a medida que pase el tiempo, simplemente habrá mayor impunidad, porque no habrá interés del gobierno en que la cosa se aclare del todo, en esencia porque le sirve como mito fundacional del socialismo contemporáneo; eso va a ir acrecentando la paranoia, la desconfianza”. La solicitud de extradición de Carmona Estanga fue anunciada recientemente, y ha sido considerada como un espectáculo más del gobierno, pues fue éste el que dio el visto bueno para que el ex presidente de Fedecámaras recibiera el asilo de Colombia, luego de fugarse de su propia residencia donde cumplía condena. Explica que al gobierno no le interesa aclarar qué ocurrió ese día, ni por qué esa actitud sobre el que ha sido considerado enemigo número uno del proceso bolivariano. “Nunca hubo una comisión de la verdad” El Carabobeño realizó una pequeña encuesta sobre lo que opina la gente acerca de los hechos de abril de 2002, y casi el total de los consultados dijo que esperan que las investigaciones se aceleren para determinar los verdaderos culpables de las masacres cometidas en esas fechas tan oscuras de la historia reciente. Pablo Suárez dijo que las averiguaciones “no han sido suficientes, porque hace falta una comisión que investigue cuál fue la verdad de lo que pasó, y creo que el gobierno ha eludido ese compromiso”. Opina que en realidad “nunca hubo una comisión de la verdad”. Jesús Michelena señaló que “hasta el momento no se ha investigado nada; todo ha quedado de parte y parte, tanto de la oposición como del gobierno”. Ellos “como que se dan la mano. No entiendo, y me parece que es la opinión más lógica, porque el pueblo está esperando respuesta de quiénes fueron los culpables y todavía no aparecen”. Esteban Patiño aseveró que la situación está tan viciada que “los mismos diputados (de la Asamblea Nacional) dicen que se conformó una comisión de la verdad que no investigó nada, y que no fue tal cosa, sino una comisión que lo que hizo fue proporcionar una información de los actores que participaron ese 11 de abril. Hasta el momento no se ha averiguado nada. Le pediría al gobierno celeridad en este asunto”. Luis Arango pide como ciudadano “que los funcionarios que se deben encargar de esto lo hagan como se desea. Es importante que lo hagan. La soberanía del pueblo no es solamente por el poder que tiene, sino por su clamor a la justicia”. “Lo que se quiere es que no se vuelva a repetir una escena como tal porque eso fue horrible. Lo que queremos es paz en este país, en este estado, que los gobiernos no permitan que esto vuelva a suceder en vista de que hubo muchas víctimas por cuestiones políticas. Las investigaciones las he visto muy lentas. Por lo poco que veo en los periódicos no creo que hayan sido muy rápidas ni efectivas”, afirmó Margarita Espinoza. No obstante, hay quienes tiene algo que agradecerle al gobierno, porque consideran que después de esas fechas se han hecho mejores las cosas. “Lo único de lo que me he dado cuenta es que del 11 de abril (de 2002) para acá el gobierno ha tomado decisiones que veo son justas para el bienestar del país, por ejemplo, las misiones y la administración con referencia a las personas jubiladas. Han tenido mucha seriedad con los pagos; antes era muy difícil cobrar la pensión. Actualmente estamos cobrando entre el 20 y el 25 y no ha habido atraso”, puntualizó Manuel Medina." Fin de la referencia.

Honestamente lo que esos días realmente ocurrió es algo que dormirá en las oscuras páginas de la impunidad porque siento que no hay interés en ninguna de las partes involucradas de esclarecer nada. Todo lo que vemos es una permanente ideologización disfrazada de canto de victoria en los medios ahora gobernado por el poder rojo.
Una vez leí que la historia es circular. Y siempre acaba por unir el punto de partida con el punto de llegada para volver a circular... si semejante teoría es cierta ¿Cuánto falta para que la historia de lo ocurrido esos díasconcluya su círculo? si alguien sabe que me lo diga.

Juan

¿Qué pasó realmente el 13 de abril?

En el Diario El carabobeño publicaron:
"Valencia, abril 11 (REDACTA).- Aquel 13 de abril de 2002, Hugo Chávez retornó a Miraflores, en medio de la algarabía de mucha gente que se encontraba desde hacía horas en las inmediaciones del Palacio Presidencial. Rechazaban el efímero gobierno de Pedro Carmona Estanga, que había terminado por los mismos militares que lo pusieron al frente del Poder Ejecutivo. En esas aciagas horas, la confusión, la misma que aún persiste, reinaba en todo el país. Horas después aparecía Chávez en las pantallas de televisión pidiendo perdón, reconociendo que se había equivocado y que a partir de ese momento cambiaría su actitud soberbia, la misma por la que el pueblo opositor había llenado las calles como nunca antes se había visto en Venezuela, ni siquiera en otra parte del mundo. Posteriormente, se anunciaba la conformación de una Comisión de la Verdad, se hicieron interpelaciones, pero nada ocurrió, y los hechos quedaron en una especie de limbo, con acusaciones de lado y lado. Comenzaron las aprehensiones, los procesos judiciales en cautiverio de personas vinculadas con la oposición. Los medios privados fueron el blanco, especialmente Venevisión, que en aquella oportunidad había difundido un vídeo con los pistoleros de Puente Llaguno disparando hacia la avenida. Curiosamente hoy en día este canal pasa debajo de la mesa, y las baterías se enfilaron hacia RCTV y Globovisión. Revancha El politólogo Ricardo Sucre considera que en las investigaciones sobre abril de 2002 “no se ha avanzado nada”, porque se han erigido esas fechas en algo simbólico, usado por gobierno y oposición de acuerdo con sus intereses políticos. Mientras los primeros manejan el 11 de abril como la instauración de una dictadura, y el 13 de abril como el retorno de la democracia y la dignidad, los segundos creen que en realidad esa semana comenzó la verdadera tiranía y persecución política. Sucre mantiene la postura que el de Carmona fue un gobierno dictatorial de corta existencia, pero Chávez “le da una connotación como si hubiera durado 20 años”. “No hay una investigación imparcial, que realmente traiga sosiego al país en ese sentido. El balance es muy crítico, porque esa es una fecha que divide al país”, manifiesta Sucre, y dice que la dirigencia opositora no ha reflexionado en ella, como sí lo ha hecho, tal vez, el resto de la sociedad. El pasado martes, la Asamblea Nacional aprobó la designación de una comisión especial para “reabrir” las investigaciones del golpe de Estado. Sucre opina que eso se parece más a “un mecanismo de revancha. Si tú quieres realmente ahondar en los hechos, nombra una comisión, en primer lugar, plural, alejada de intereses políticos, una comisión de personas que realmente van a buscar la verdad”. “Yo siento que esa comisión que se nombró es parte del uso simbólico de la fecha, de continuar el gobierno con el tema del fascismo, el golpismo, tratar de pasar las facturas que tenían pendientes sobre todo con los medios. No en balde, la reacción de (Alberto Federico Ravell, director de Globovisión) fue ‘oye, si nos vas a interpelar, interpélanos a todos, no a mí y a RCTV’. Aunque no los nombró tienen que interpelar a Gustavo Cisneros y a Omar Camero”, refiere el analista. “Quizá la expresión más adecuada es decir que será una comisión que va a reforzar y aumentar la polarización existente en el país, una especie de revancha política”, sostiene. Paranoia Para el politólogo Guillermo Aveledo, más que una época de impunidad, la que se abrió el 13 de abril de 2002 fue de paranoia, “en el sentido de que mientras menos se aclaren los hechos más versiones fantasiosas de los hechos surgen por ahí, y a más opacidad del Estado, mayor credibilidad tienen estas versiones. La gente ha llegado a creer que esa fue una conspiración planificada desde una oficina de la CIA, o que todo eso fue planificado por el propio gobierno”. Subraya que “la verdad no puede estar en esos dos extremos. Lo más probable es que a medida que pase el tiempo, simplemente habrá mayor impunidad, porque no habrá interés del gobierno en que la cosa se aclare del todo, en esencia porque le sirve como mito fundacional del socialismo contemporáneo; eso va a ir acrecentando la paranoia, la desconfianza”. La solicitud de extradición de Carmona Estanga fue anunciada recientemente, y ha sido considerada como un espectáculo más del gobierno, pues fue éste el que dio el visto bueno para que el ex presidente de Fedecámaras recibiera el asilo de Colombia, luego de fugarse de su propia residencia donde cumplía condena. Explica que al gobierno no le interesa aclarar qué ocurrió ese día, ni por qué esa actitud sobre el que ha sido considerado enemigo número uno del proceso bolivariano. “Nunca hubo una comisión de la verdad” El Carabobeño realizó una pequeña encuesta sobre lo que opina la gente acerca de los hechos de abril de 2002, y casi el total de los consultados dijo que esperan que las investigaciones se aceleren para determinar los verdaderos culpables de las masacres cometidas en esas fechas tan oscuras de la historia reciente. Pablo Suárez dijo que las averiguaciones “no han sido suficientes, porque hace falta una comisión que investigue cuál fue la verdad de lo que pasó, y creo que el gobierno ha eludido ese compromiso”. Opina que en realidad “nunca hubo una comisión de la verdad”. Jesús Michelena señaló que “hasta el momento no se ha investigado nada; todo ha quedado de parte y parte, tanto de la oposición como del gobierno”. Ellos “como que se dan la mano. No entiendo, y me parece que es la opinión más lógica, porque el pueblo está esperando respuesta de quiénes fueron los culpables y todavía no aparecen”. Esteban Patiño aseveró que la situación está tan viciada que “los mismos diputados (de la Asamblea Nacional) dicen que se conformó una comisión de la verdad que no investigó nada, y que no fue tal cosa, sino una comisión que lo que hizo fue proporcionar una información de los actores que participaron ese 11 de abril. Hasta el momento no se ha averiguado nada. Le pediría al gobierno celeridad en este asunto”. Luis Arango pide como ciudadano “que los funcionarios que se deben encargar de esto lo hagan como se desea. Es importante que lo hagan. La soberanía del pueblo no es solamente por el poder que tiene, sino por su clamor a la justicia”. “Lo que se quiere es que no se vuelva a repetir una escena como tal porque eso fue horrible. Lo que queremos es paz en este país, en este estado, que los gobiernos no permitan que esto vuelva a suceder en vista de que hubo muchas víctimas por cuestiones políticas. Las investigaciones las he visto muy lentas. Por lo poco que veo en los periódicos no creo que hayan sido muy rápidas ni efectivas”, afirmó Margarita Espinoza. No obstante, hay quienes tiene algo que agradecerle al gobierno, porque consideran que después de esas fechas se han hecho mejores las cosas. “Lo único de lo que me he dado cuenta es que del 11 de abril (de 2002) para acá el gobierno ha tomado decisiones que veo son justas para el bienestar del país, por ejemplo, las misiones y la administración con referencia a las personas jubiladas. Han tenido mucha seriedad con los pagos; antes era muy difícil cobrar la pensión. Actualmente estamos cobrando entre el 20 y el 25 y no ha habido atraso”, puntualizó Manuel Medina." Fin de la referencia.

Honestamente lo que esos días realmente ocurrió es algo que dormirá en las oscuras páginas de la impunidad porque siento que no hay interés en ninguna de las partes involucradas de esclarecer nada. Todo lo que vemos es una permanente ideologización disfrazada de canto de victoria en los medios ahora gobernado por el poder rojo.
Una vez leí que la historia es circular. Y siempre acaba por unir el punto de partida con el punto de llegada para volver a circular... si semejante teoría es cierta ¿Cuánto falta para que la historia de lo ocurrido esos díasconcluya su círculo? si alguien sabe que me lo diga.
Juan

lunes, 9 de abril de 2007

LAS PARTES PUDENDAS EN LA LITERATURA

"Consultamos a algunos de nuestros narradores en torno a¿cómo nombrarlas sin caer en el terreno de la procacidad o la cursilería?
Una de las metas de los narradores podría tildarse de descabellada de lo ambiciosa que resulta: reproducir los misteriosos engranajes de la vida humana, tanto íntima como socialmente; intentar dibujar fragmentos de la vida del hombre con sus emociones, aspiraciones, ideales y dolores. Para ello debe explorar todos los aspectos de su cotidianidad. Nunca la frase "nada humano me es ajeno" ha resultado tan vital como en el oficio del narrador.Y un aspecto importantísimo del día a día del ser humano lo supone, sin duda, la intimidad sexual. Incluso autores que no tienen textos de ambiente erótico entre sus líneas de trabajo, se ven en la necesidad de describir una escena de intimidad sexual en un pasaje de su trabajo literario. La credibilidad juega un papel crucial en el resultado. ¿Cómo enfocar entonces el hecho sexual, desde un punto de vista eminentemente literario, de manera efectiva, sin pisar el terreno de la procacidad o de la cursilería?En Ficción Breve Venezolana, como parte de una serie de encuestas orientadas a dar respuestas a ciertas reflexiones sobre el oficio de narrar, quisimos consultar a algunos de nuestros autores en torno a este aspecto de la creación. A continuación, sus respuestas: "
"No abordar el tema
Para comenzar, existe un grupo de autores que no abordan escenas de tipo sexual, asumiendo no sentirse capaces de hacerlo adecuadamente. Esta tesis es compartida por aquellos que advierten que cada autor tiene una línea de trabajo y se especializa en una temática. Otros argumentan que nunca han leído literatura erótica (al menos en Venezuela) que le despierte interés. En este renglón se ubica a Eloy Yagüe, autor, entre otros, del libro Svástica de sangre. "Lamentablemente no creo poder ser de gran ayuda -advirtió al principio de la encuesta-. Yo entro en la definición de Liscano quien afirma que la sexualidad y el erotismo están ausentes en la literatura venezolana. Nunca he escrito una escena de este tipo, no sé cómo hacerlo. La literatura erótica que he leído me aburre soberanamente". Yagüe concluye, resignado, que sólo ha escrito, hasta ahora, "de muertos y crímenes".
Están en el diccionario "
"En un segundo renglón se encuentran autores que consideran que en literatura las partes pudendas se nombran con los términos comunes, haciendo la salvedad de que los poetas podrían encontrar posibilidades más elaboradas. Así lo señaló la experimentada novelista Ana Teresa Torres, quien afirmó que "la única manera de referirse a las partes pudendas es con los términos del diccionario, pene, vagina, vulva, etc. Salvo que los poetas encuentren mejores metáforas."
Depende del personaje
Un tercer grupo se encuentra en el justo medio de la situación. Estos autores consideran que las palabras serán procaces o cursis si se colocan en las bocas inadecuadas. Así lo señaló José Pulido, autor de, entre otros títulos, la reciente novela "La canción del ciempiés", quien afirma lo siguiente: "En literatura, los órganos sexuales del hombre y de la mujer (y todo lo que humana y virtualmente se puede hacer con tales recursos naturales no renovables) deben nombrarse de acuerdo al personaje que los nombra. Sólo son procaces y cursis cuando se ponen en boca equivocada. Son como las groserías: hay que saber cuándo usarlas y qué efecto se busca", agregando que "inclusive, los órganos sexuales tienen tantos nombres, que en sí mismos son diccionarios en potencia. Por supuesto, si un personaje rudo o rústico, pongamos por caso, un caletero, dice: `le metió el pipí en la totona´ lo menos que va a causar es risa, y el caletero de al lado le dirá `marico perdío´, como mínimo. Pero si lo dijera un niño no sonaría tan cursi. Si es un niño de cinco años, claro, porque si tiene más edad entonces parecerá guevón. "
"De similar parecer es la autora de novelas como "Lluvia" y miembro del jurado calificador de la reciente Bienal de Novela Adriano González León, Victoria De Stéfano, cuando señala que "se pueden nombrar genéricamente como genitales, o usar metáforas líricas o simplemente ingeniosas, incluso retruécanos, pero no creo que se deban esquivar los nombres más fuertes y directos tanto para el equipamiento femenino como el masculino (en realidad los hombres están mejor y más abultadamente equipados). Eso depende del texto en cuestión. La procacidad está en la forma y en las intenciones no en los nombres", concluye.
En esa misma línea, la narradora y poeta aragüeña Yadira Pérez, considera que "cada cuento tiene su necesidad, por tanto `esas partes´ deben ser nombradas de acuerdo a las necesidades del mismo. Por ejemplo, nunca personajes distintos, como un malandro, un profesor, un poeta, un ejecutivo, le darán el mismo nombre a las mismas partes sexuales. Lo importante en el texto es la credibilidad, es lo que no se debería sacrificar en atención a consideraciones sobre las categorías de las palabras".
El director de Panfletonegro, Daniel Pradilla, afirmó que "siempre me he sentido estúpido al escribir 'senos', 'pene y 'vagina' ¡Y prefiero no recordar las veces que he dicho esas palabras en voz alta! Momentos realmente vergonzosos en los que confirmo que mi vocabulario tiene severas fallas". Reflexiona el también poeta en tránsito que "quizás la tarea como 'gente que escribe' es elaborar personajes que no se sientan incómodos al llamar a las cosas por su nombre biológico -y con cosas me refiero a las sillas, las mesas y los lápices-, así como otros personajes que nos retraten tal como somos: esos bichos groseros que dicen cuca, bollo, paloma y güevo."
Otro convencido de la íntima relación entre la palabra y el personaje, es Juan Carlos Mendez Guédez, quien desde España asevera: "Creo que toda incertidumbre generada por la escritura se resuelve en la escritura misma. Se trata de oir al texto, de ser su cómplice. Intento no escribir con claves previas, con ideas resueltas de antemano. Por eso algunas novelas o cuentos me piden un lenguaje sobrio, de tenue erotismo, y en otros casos, la historia me exige una deliciosa procacidad a la que yo no me niego". Mendez Guédez no obstante, deja en el aire una inquietud en cuanto al riesgo de los localismos: "Pienso, eso si, que hay en el lenguaje cotidiano vinculado a lo sexual un riesgo de incomunicacion latente; cada lugar del mundo cambia los nombres de los órganos sexuales, para sólo citar un ejemplo, y en algún caso se transforma hasta el género. ¿Cómo lograr expresar lo que deseas sin que para muchos lectores suene risible, extraño, chistoso?"
La universalidad de los localismos "
"En la línea opuesta al planteamiento final de Mendez Guédez, se encuentra el ganador del reciente concurso de Fundalita y de la más reciente convocatoria de Sacven, Salvador Fleján, quien, por el contrario, apuesta por la universalidad del localismo. "Como decía el filósofo Joselo: `Borra es borra y cipo es cipo´. Las cosas hay que llamarlas por su nombre. Aunque en mi caso particular prefiero ciertos localismos que poseen una `carga semántica´ universal. ¿O me vas a decir que la voces `totona´ o `poncha´ no evocan, aún para un checheno, algo mullido, acuoso y decididamente gozón? Por el contrario, el tecnicismo `vagina´ más bien me hace pensar en ginecólogo enguantado, en libro de puericultura, en marca de olla.
La sublimación como estrategia
En otros casos, los autores se entregan a plasmar la crudeza del texto para luego del reposo filtrar lo escrito, en busca de una elaboración más amable. Así funciona Sonia Chocrón. "Usualmente escribo, cualquiera que sea el tema, con absoluta irresponsabilidad, y olvido tópicos como la procacidad o la cursilería. Sin embargo, luego del reposo necesario del texto, entiendo que el idioma de la poesía, de donde provengo, me salva, primero de mí misma, y luego, de los posibles ruidos del lenguaje para nombrar la sexualidad y sus aristas."
Es de igual manera el caso del ganador de la Bienal Adriano González León, Milton Quero Arévalo, quien prefiere eludir lo abiertamente explícito. "Siempre he procurado sugerir y no mostrar abiertamente el acto sexual, ya que puedo caer en la trampa de la gratuidad. El reto literario es decirlo en formas y planos de la realidad que no sean molestas para el lector, y para ello contamos con la poesía, las mudas, el juego verbal, etc. Un magnífico ejemplo de esto es Gustavo Flaubert en su Madame Bovary. ¿Recuerdas la escena del carruaje?, ¿cómo el acto sexual es sugerido con tal elegancia y poesía que ya es un clásico para nosotros? Por otro lado la sexualidad es algo inmanente al ser humano, forma parte de nosotros, debemos ser osados, pero en el tratamiento y el estilo, a la final todo es cuestión de estilo. Obras magníficas y bien estructuradas se pueden perder por la pacateria en el tratamiento del tema, pero también por el abuso. ¡elegancia y sentido de la trascendencia! han de ser la consigna", proclama."
Yo en lo personal creo que la línea entre lo "necesario" (desde el punto de vista que nos compete) y lo soez o cursi es tan tenue que pocos, muy pocos privilegiados han podido concretar su trabajo sin cruzarla. En realidad, las imagenes y los relatos de carga sexual son necesarios sólo en tanto el relato o narración trate directamente sobre ello. Caso contrario, no son más que el adorno que funge de gancho para atrapar aternciones. Me sorprende escucharme a mi mismo decir esto. En especial si considero que soy un amante voraz de literaturas "fuertes". Pero trato de ser honesto conmigo mismo. Y si... pienso que el verdadero reto es crear una narrativa valiosa prescindiendo de ciertas palabras o imagenes. Paradiso de Lezama Lima por ejemplo es visto a la luiz de muchos críticos como un reflejo de la homosexualidad de su autor. pero yo reto a que alguien encuentre en ese texto ícono de la literatura latinoamericana una sóla imagen narrativa que pueda considerarse "sexual". Esa es la tenue línea que muchos atraviesan sin darse cuenta y otros grandes escritores reconocen y no la cruzan ¿Ustedes qué piensan?

miércoles, 4 de abril de 2007

Petkoff celebra la fuga de Lapi

"En su editorial de hoy en el diario “Tal Cual”, bajo el título Lapirada, Teodoro Petkoff celebra la fuga de Eduardo Lapi. La primera frase del editorial es “Eduardo Lapi se fugó. Enhorabuena” para añadir “Muy bien hecho. Nos congratulamos de su valor y de su hazaña“.
Petkoff califica de “enorme injusticia y grosero abuso de poder” lo que se está haciendo en el proceso judicial contra el ex-gobernador de Yaracuy. Justifica su fuga: “La inhumanidad de su prisión, la violación de todas las normas del debido proceso, la vulneración de los más elementales derechos humanos de Lapi, quien desde hace más de diez meses está preso sin fórmula alguna de juicio, no le dejaron más opción que escapar de sus captores“.
Califica a Lapi como un preso político y “un preso del actual gobernador de Yaracuy, Carlos Giménez” y se pregunta por qué no se había juzgado a Lapi aún. “¿No será porque de haber juicio se cae la acusación y habría que ponerlo en libertad?”.
Tal Cual publica hoy también una entrevista con Lapi efectuada la semana pasada donde habla de su situación en prisión."

A este texto publicado en www.noticias24.com yo quiero agregar que no me alegro. No puede uno alegrarse de ver cómo todo en este país (Venezuela) está al revés: Delincuentes en la calle, inocentes esperando juicios eternamente postergados. Reos que asesinan, jueces que se venden... pero aunque no me alegre, me entra un fresquito. Quiere decir que este gobierno tiene talones de aquiles regados por allí. Es una esperanza... pálida... pero esperanza.

Hola gente

Será un blog de todo y nada. de lo que lea por allí que me interese, me guste,
me emocione o me arreche.
Yo no escribo... ¡pero coño cómo leo!... Y me voy a aprovechar de eso.
Porque sinceramente hay cosas que valen la pena de ser releídas y comentadas y reconstruídas... o destruídas... ya veremos.
Mis saludos pues
Juancho